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Editorial

Contexto Descontando a los Jóvenes del Homicidio. 

La tasa de homicidios en Medellín llegó en 1991 a una tasa de 380,6 homicidios por 100 mil habitantes  lo que da cuenta de la descomposición social, las tradiciones criminales y las dimensiones desproporcionales (“mutantes”) que generan los inmensos recursos del negocio de la cocaína.
 
Desde la fundación Casa de las Estrategias hemos estado expuestos a la obra de Francisco Thoumi y Gustavo Duncan que se pregunta –entre otras cosas– por qué Medellín se volvió en un lugar estratégico o central para el negocio de la cocaína y porque este se volvió un problema crónico en Colombia y no en Ecuador, Chile, Perú y Bolivia.
 
La respuesta entonces nos lleva a la ilegalidad, los costos culturales, sociales e institucionales para llevar a cabo una actividad ilícita y para competir en un mercado ilegal con el recurso de la violencia. La obra de Mauricio Rubio –a nivel latinoamericano– y la de Alonso Salazar –a nivel local– mostraba las conexiones entre juventud y adolescencia con la violencia y las prácticas de los adolescentes que perfilaban y definían la escala y continuidad de la violencia.
 
Con Pablo Escobar se escaló una metodología de la violencia y el miedo que si bien fue cambiando mucho en su estrategia y objetivos estratégicos mantuvo muchas de sus tácticas configurando los adolescentes sicarios –primero– y los esquemas mafiosos de seguridad en los barrios que tuvieron un perfeccionamiento militar con el control del paramilitarismo y la guerrilla durante la segunda parte de la década de los 90’s y la primera de la década del 2000.
 
En un periodo actual (2010) donde la seguridad ha mejorado y la presencia y fuerza del Estado es muy superior que en los 90’s, el 49% de los homicidios tiene como víctima a un menor de 26 años y  los menores de edad asesinados –en un año como el 2010– son 182.
 
Es indiscutible –y desde la fundación lo hemos comprobado con entrevistas– que existen jefes criminales en barrios de 16 y 17 años, así como sicarios de la misma edad; sin embargo, no es para nada claro si la participación tan fuerte de un grupo etario como víctima de homicidio, es igual como victimario.
 
Nos interesa la mecánica que surge de la lógica de mano de obra barata en el crimen, la territorialidad criminal que se crea cuando un empresario criminal subordina y financia pandillas de adolescentes y la llamada “limpieza social” que genera como blanco del homicidio a cualquier ladrón.
 
A todas luces el adolescente popular es una víctima que cuenta poco y hay un prejuicio del adolescente que lo hace más vulnerable. En ambos casos nos encontramos con una criminalización del adolescente que hace que el Estado tenga pocas disposiciones para la protección de los adolescentes populares y los servicios de justicia, que hace que la sospecha en el mundo del crimen frente al adolescente popular raye en la paranoia y que las personas naturalicen el asesinato, primero como un recurso y segundo como una consecuencia.
 
Desde la fundación Casa de las Estrategias hemos vivido de cerca el asesinato de jóvenes y adolescentes populares y en particular uno que era beneficiario de procesos formativos y culturales apoyado por nosotros en nuestra sede. Esto no sólo nos permitió ahondar en un tema que ya habíamos estudiado con una profunda inmersión de terreno, sino que nos permitió ganar la sensibilidad sobre otro camino social, cultural e institucional sobre la violencia homicida y el involucramiento de jóvenes y adolescentes.
 
Por un lado, hay que crear mayores incentivos (y uno de ellos es la veeduría) para que los jóvenes y adolescentes infractores sean judicializados antes de ser víctima entre facciones criminales; segundo se debe de tener consciencia social sobre el alto número de adolescentes y jóvenes asesinados que su único crimen era estar en edad de combatir en una cotidianidad territorial fuertemente atravesada por el crimen. Se espera que esta reflexión conduzca también a que una amplia ciudadanía repudie cualquier homicidio e incrementar así los costos sociales y culturales para el asesino.
 
Hemos sido muy tenaces para continuar, ahora tendremos que ganar también la fortaleza para detenernos, para hacer una larga pausa cada vez que haya un homicidio.

Sobre Nosotros

Casa de las Estrategias es metodología, trabajo en red y conocimiento. Apoyamos procesos de jóvenes y colectivos, somos un centro de estudios y desarrollamos procesos de formación. Para posibilitar un trabajo social y cultural conformamos una unidad de servicios en consultoría convencidos de tener un equipo técnicamente impecable, que trabaja con protocolos estándar y que somete la creatividad a bases sólidas de información.

De cierta forma somos casa para los sueños pero terminamos reconociendo que estábamos movidos por los sueños de otros y esa pasión nos obliga a desarrollar estrategias para esas organizaciones o grupos con los que trabajamos, recordando que esos y esas soñadoras son los verdaderos protagonistas.