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Editorial

Combatiendo la bacteria criminal.

Comprender a una banda delincuencial en las ciudades colombianas con un arraigo territorial y –por ende– un impacto en las cotidianidades, es comprender la maquina de socialización que significa para jóvenes y adolescentes.

Se hace necesaria la consciencia sobre las iniciaciones, las transiciones en la adolescencia, las pulsiones de afecto y la reacción a la hostilidad del entorno (desde el familiar hasta el barrial) –creando respuestas culturales sobre la búsqueda de identidad, utilidad y respeto–.
Al momento de capturar un empresario criminal y/o desmantelar una banda, estamos ante la posibilidad de recuperar un territorio, mejorarle la vida a una población y –en especial– a los jóvenes y adolescentes.

De tal forma, se está proponiendo una mirada de la criminalidad y la violencia desde el espacio y el espacio como producto pero también generador de prácticas. En este esquema es esencial trabajar con los motores (comúnmente llamados como subjetivos) de las prácticas y vincualaciones.

Lo más importante de comprender es que el Estado es una organización compleja y la banda delincuencial –incluso su red– es primitiva. Esto es un debate, ya que otras corrientes de pensamiento le han adjudicado sofisticación al crimen al que nos referimos pero nuestro trabajo etnográfico en Colombia y el estado del arte en Latinoamérica nos ha dado pie para comprender que las redes delincuenciales que incorporan jóvenes populares de forma masiva y que tienen territorialidad son rudimentarias.

Ahora bien, lo rudimentario o sofisticado es sólo un enfoque, porque puede ser una fortaleza o una debilidad dependiendo de la dinámica, pero para nuestra trayectoria y –en buena medida– fracaso institucional frente a la ilegalidad, lo que nos permite ver es que la escala no permite un combate real sino simplemente mediático. El símil de un elefante combatiendo una bacteria puede ser correcto.
La red delincuencial es adaptativa, tiene mucha capacidad de regeneración (más que resistencia) y tiene mejor economía que el Estado (no más riqueza). Esto ocurre por lo que sería nuestra principal tragedia: una instalación de la red criminal muy profunda y avanzada en la cultura.
Nuestra tesis es que –aún así– la situación se puede mejorar apelando a instintos profundos del fin del miedo, la simpatía y la reciprocidad. Para lograr esto lo que el Estado debe hacer es reconectar procesos en la integralidad cotidiana del espacio mediante la justicia, la economía y las prácticas culturales como el encuentro y la celebración (fiesta y carnaval).

El Estado por sí mismo no puede reemplazar a un grupo delincuencial o una red delincuencial con arraigo en el territorio, tiene que apoyarse en otros grupos que cumplan con el papel de relacionamiento, identitario y simbólico.

En un sentido muy práctico el Estado –liderando una red y sin protagonismos– puede convencer a jóvenes para que se alejen de grupos delincuenciales o salgan, puede evitar que sus relaciones y dinámicas sociales estén condicionadas por estos y –al momento de una captura o el desmantelamiento de un grupo ilegal– pude vincular a muchos jóvenes y adolescentes –de distintas capaz del grupo delincuencial– a programas. 

Sobre Nosotros

Casa de las Estrategias es metodología, trabajo en red y conocimiento. Apoyamos procesos de jóvenes y colectivos, somos un centro de estudios y desarrollamos procesos de formación. Para posibilitar un trabajo social y cultural conformamos una unidad de servicios en consultoría convencidos de tener un equipo técnicamente impecable, que trabaja con protocolos estándar y que somete la creatividad a bases sólidas de información.

De cierta forma somos casa para los sueños pero terminamos reconociendo que estábamos movidos por los sueños de otros y esa pasión nos obliga a desarrollar estrategias para esas organizaciones o grupos con los que trabajamos, recordando que esos y esas soñadoras son los verdaderos protagonistas.